Y cuando vienen los cumpleaños me siento un poco como Joey de Friends en el capítulo donde Rachel cumple años y rememoran como todos llegan al tercer piso, incluido él y en una parte grita «Why God? Why?»

Pienso que eso es algo muy de mi generación, el querer siempre mantenerse jóvenes y vigentes. Nos pesa la edad. Nos pega en el ego. De ahí la explicación de porqué existe (o existimos) tanto chavoruco. Y es que si el envejecimiento es inevitable (y vaya que sus estragos físicos son evidentes) al menos disimular con una actitud «jovial». Más que nada resulta un consuelo… que nos hace sentir que «no estamos tan rucos», aunque los más jóvenes sí nos vean rucos y nos hablen de Ud, o nos digan el incómodo «señor/a».

Ciertamente los años nos pegan al ego, pero también vienen acompañados de sus ventajas. A los 30’s ya no está uno (por lo regular) tan pendejo. Ya la vida te ha dado 2 o 3 madrazos que te ubican y te van formando el carácter. Y ya le chambeaste un rato como para lograr, en el mejor de los casos, una independencia económica plena y un nivel de ingresos que te permite vivir cómodamente.
Sobre todo, si has conseguido algo de desarrollo profesional, de repente ya ves a gente más joven en el trabajo y piensas «ay morro… estás chavo» o escuchas a estudiantes/recién egresados quejarse y hasta les dices «Huy!! Y lo que te falta….»

Muchos, alrededor de estas edades, tomamos la decisión de ser papás. Somos otra cosa los papás Millenial. En mi caso, yo me volví papá a los 33, mi Rodrigo está próximo a cumplir los 2 años. Y bueno, en muchos sentidos los papás de ahora la tenemos más fácil que nuestros jefes. Ya cualquier cosa de la que tengas duda le preguntas a Google y pues alguna idea o consejo te da.
Y qué decir del mágico celular/iPad que le puedes dar al morro cuando ya te puso hasta el gorro y necesitas que se esté quieto. ¡Ya lo hubieran querido nuestros papás! Aunque ahora ellos (y en general la gente mayor) nos critique y nos diga que cómo hacemos eso, que ver tanto celular y videos les va a hacer daño, bla, bla, bla.

Así te va cambiando la vida y de repente te das cuenta que las reuniones a las que vas son más bien bodas, bautizos, fiestas infantiles, primeras comuniones. Y ya no tanto esas reuniones casuales con amigos, o sea la bebedera en pocas palabras.
Ya tienes muchos compromisos: laborales, de familia, de pareja. Tus prioridades son claras. Y nos vamos separando en cierta manera, entre los grupos de amigos que tienen hijos y los que no tienen hijos, los casados y los solteros. Mantenemos el contacto y nos vemos ocasionalmente.

Así es, el tiempo sigue su paso y vemos como también nuestros papás (y tíos) están ya entrando o de pleno en la senectud. Con sus temas de salud y achaques. No falta alguno que sufre una enfermedad grave. Y en el peor de los casos fallecen. Tenemos que decir adiós. Aprender a decir adiós y a lidiar con el dolor que acompaña la pérdida.

Esto hace que reflexionemos. Y también nos forma el carácter. Son cicatrices que va dejando el paso de la vida. Son cosas en las que no piensa uno cuando es más joven. Son cosas que nos hacen madurar y preguntarnos ¿Qué queremos de la vida? ¿Cómo la queremos vivir? ¿Qué es importante?
Chale! No quería ponerte triste lector, quería escribir algo más light y jovial. Pero ¿Qué crees? Creo que ya los 35 me están pegando y haciendo pensar en cosas que antes no pensaba. Quizá te resulte familiar. Quizá no soy el único que pasa de estar contento a estar nostálgico. Y es que la vida así nos trae por sus caminos, a veces soleados y bellos, a veces fríos y lluviosos.

Pero te ofrezco una conclusión, que espero te sirva: Aprovecha los momentos. Suena bien sencillo, no? Si estás en la edad o cercana a la que estoy yo, lamento informarte que ya no estás chavo. No te queda todo el tiempo del mundo para desperdiciarlo. Así que úsalo a tu favor: haz lo que realmente quieras hacer: trabajar en empresa, dedicarte a viajar, poner tu negocio, vivir en pareja, vivir solo. Tener un hijo, tener un perro, renunciar o tomar ese nuevo trabajo.. Tener esa discusión, decirle a esa persona eso que sientes… llámale y dile.

Vas a ver que te vas a sentir bien después de hacerlo o al menos vas a estar más cerca de cómo te quieres sentir.
Eres lo que haces. Así de simple. Y yo pienso que a nuestra edad ya no está uno como para andar con dudas o miedos.
Te dejo, porque ya me voy a mi comida de cumple. Espero no ponerme como Joey o demasiado emotivo, eso es de rucos…